"Limpiemos -decía mi maestro- nuestra alma de malos humores, antes de ejercer funciones críticas"
Juan de Mairena (Antonio Machado)
A las 'buenas' y 'malas' críticas que acompañarán al jefe novato en su nuevo cargo hemos aludido ya varias veces (de pasada y no tanto) en la corta historia de este blog. A estas alturas, creemos que se han ganado un post dedicado a ellas en exclusiva... Por su recurrencia y porque, con toda probabilidad, serán uno de tus principales quebraderos de cabeza.
Empecemos tomando la distancia que requiere este asunto tan visceral. Poniéndonos casi académicos, podemos empezar clasificando las críticas con un criterio tan simple como determinante: su conocimiento por parte del criticado. Es decir, existen las críticas conocidas y otras por conocer. (Sï, ya sé que es obvio, pero reflexionemos un poco; quizá merezca la pena.) Las primeras son mucho más inofensivas que las segundas: para lidiar con una crítica conocida, solo hay que pararse a pensarla despacio, a ser posible con honestidad y sin malos humores. Si es destructiva, no merece la pena seguir pensando en ella, aunque sí, quizá, tenerla en cuenta a la hora de valorar no su contenido, sino la persona (o personas) de la/s que procede. (Para mal, claro. La mejor actitud a partir de ahora será no hacerles mucho caso.) Si es constructiva, es decir, persigue una mejoría de tu comportamiento o de tus decisiones, o simplemente es racional y ajustada a la realidad, entonces sí conviene tenerla en cuenta. Quizá sirva para mejorar, o, en el peor de los casos, para conocerte mejor y saber si estás transmitiendo lo que quieres transmitir.
Bien. ¿Y las que no se conocen? Solo pueden ser una cosa: imaginarias. Y eso sí que no. Ya tienes bastantes frentes abiertos como para abrir otro tú solito, ¿no? Y sin embargo, es posible que, a la hora de tomar una decisión, te anticipes y pienses qué es lo que los demás pensarán de ti, o de tu decisión, y qué críticas se te vendrán encima por ello. Quizá creas que este 'ejercicio' es bueno, porque estarás preparado para hacerles frente. Error. Lo que en realidad estás haciendo es malgastar energías en afrontar una 'amenaza' que no sabes si se va a producir y, para colmo, estereotipar a tus compañeros... Aparte, por supuesto, de ponerte de mal humor y perder libertad de pensamiento y acción. ¿Qué ganas con eso? Si, al final, las críticas se producen, no estarás más preparado para responder a ellas, sino más cansado mentalmente y más enfadado... y, si has puesto mucho empeño en la tarea, probablemente habrás cosechado también un estupendo dolor de cabeza.
Espero que este post te resulte útil. Puedes escribirme y contarme tu actitud ante las críticas. También puedes compartirlo con más personas. Y volver la semana que viene, porque habrá segunda parte. ¡Suerte!
No hay comentarios:
Publicar un comentario