martes, 27 de marzo de 2012

Cómo hacer frente a las críticas (II)

"Es querer atar las lenguas de los maldicientes lo mismo que poner puertas al campo"
Miguel de Cervantes

"No hay censura que no sea útil. Cuando no me hace conocer mis defectos, me señala los de mis censores"
Friedrich Hebbel

No quiero aburrirte, querido aprendiz de jefe, con un rosario de citas célebres; para eso, te dejo que busques tú mismo tus favoritas en los libros o en la red. En materia de críticas, no te resultará difícil: llama la atención la cantidad de personas que han reflexionado sobre ellas, quizá porque a ellos también, en algún momento les han amargado la existencia. ¿No te hace eso sentir mejor?

Pero no me resisto a dejarte otra, solo una, la última (lo prometo): "Más podemos conocer de una persona por lo que ella dice de los demás, que por lo que los demás cuentan de ella". La frasecita es de un tal Emerson, y, en mi humilde opinión, tenía más razón que un santo. Así que con ella entramos de nuevo en harina, añadiéndola a los demás ingredientes del pan de cada día de todo jefe novato.

Decíamos en la primera parte de nuestro 'especial críticas' que conocerlas proporciona información muy útil para saber con quién te estás jugando los cuartos. Pues bien, estas pistas, que son oro, no proceden solo del contenido de la crítica en cuestión, sino de cómo haya llegado a tus oídos. Los caminos de las críticas son siempre inescrutables y azarosos, porque se supone, como norma general, que deben permanecer en secreto para el criticado. 

Un momento. A veces no es así, y este suele ser un raro y complejo acontecimiento. En este caso, considérate afortunado. Si alguien ha venido a contarte su propia crítica porque quiere que la conozcas, puede que te encuentres ante una de las escasísimas personas que te guardan lealtad... así que atesórala y, si puedes, cuídala con reciprocidad. Claro que para eso es necesario que la crítica sea constructiva; si no, es probable que el criticón esté buscando un enfrentamiento contigo, o peor: quiera desmoralizarte, o peor aún: pretenda que tú cambies algo en su propio y exclusivo beneficio.

Otra posibilidad consiste en que una persona venga a contarte una crítica que, dice, procede de otro/s. Si te ves en esta situación, enciende un piloto rojo de alarma en tu cabeza. Inmediatamente. ¿Contra los otros? No, hombre, no: contra tu interlocutor. Como primera medida de precaución, abstente de expresar tu opinión sobre la crítica, porque es posible que trate de sacarte información para después utilizarla en tu contra cuando esté con los demás. Eso, en el mejor de los casos; en el peor, querrá predisponerte en contra de los demás. Y, aunque estuviera diciendo la verdad, estaría provocando una situación de guerra artificial. Guárdate de aquellos que, cuando ven un fuego, echan gasolina. Además, y esto es importante, puede que se lo esté inventando todo. No sería el primer caso. Créeme. (Ya sé que estamos en un entorno de trabajo y no en el patio del colegio, pero hay quien no ha notado todavía la diferencia.)

Hay todavía una tercera posibilidad de enterarte directamente de las críticas, y consiste en que alguien te las cuente con ánimo constructivo, sin señalar a ningún 'enemigo' contra el que pretenda lanzarte, y con la intención de que repares en algo que estás haciendo mal o en las consecuencias de algo que estés haciendo bien. Estas últimas suelen comunicártelas las personas de confianza, quizá tus propios superiores, y debes valorarlas y tenerlas en cuenta. Sobre todo, asegúrate de que esas críticas están libres de malas intenciones y de pasiones del momento, y entonces acéptalas. Estas sí te ayudarán.

¿Te ha gustado? Si es así, compártelo y lee también la primera parte: Cómo hacer frente a las críticas (I)

lunes, 12 de marzo de 2012

Cómo hacer frente a las críticas (I)

"Limpiemos -decía mi maestro- nuestra alma de malos humores, antes de ejercer funciones críticas"
Juan de Mairena (Antonio Machado)

A las 'buenas' y 'malas' críticas que acompañarán al jefe novato en su nuevo cargo hemos aludido ya varias veces (de pasada y no tanto) en la corta historia de este blog. A estas alturas, creemos que se han ganado un post dedicado a ellas en exclusiva... Por su recurrencia y porque, con toda probabilidad, serán uno de tus principales quebraderos de cabeza.

Empecemos tomando la distancia que requiere este asunto tan visceral. Poniéndonos casi académicos, podemos empezar clasificando las críticas con un criterio tan simple como determinante: su conocimiento por parte del criticado. Es decir, existen las críticas conocidas y otras por conocer. (Sï, ya sé que es obvio, pero reflexionemos un poco; quizá merezca la pena.) Las primeras son mucho más inofensivas que las segundas: para lidiar con una crítica conocida, solo hay que pararse a pensarla despacio, a ser posible con honestidad y sin malos humores. Si es destructiva, no merece la pena seguir pensando en ella, aunque sí, quizá, tenerla en cuenta a la hora de valorar no su contenido, sino la persona (o personas) de la/s que procede. (Para mal, claro. La mejor actitud a partir de ahora será no hacerles mucho caso.) Si es constructiva, es decir, persigue una mejoría de tu comportamiento o de tus decisiones, o simplemente es racional y ajustada a la realidad, entonces sí conviene tenerla en cuenta. Quizá sirva para mejorar, o, en el peor de los casos, para conocerte mejor y saber si estás transmitiendo lo que quieres transmitir.

Bien. ¿Y las que no se conocen? Solo pueden ser una cosa: imaginarias. Y eso sí que no. Ya tienes bastantes frentes abiertos como para abrir otro tú solito, ¿no? Y sin embargo, es posible que, a la hora de tomar una decisión, te anticipes y pienses qué es lo que los demás pensarán de ti, o de tu decisión, y qué críticas se te vendrán encima por ello. Quizá creas que este 'ejercicio' es bueno, porque estarás preparado para hacerles frente. Error. Lo que en realidad estás haciendo es malgastar energías en afrontar una 'amenaza' que no sabes si se va a producir y, para colmo, estereotipar a tus compañeros... Aparte, por supuesto, de ponerte de mal humor y perder libertad de pensamiento y acción. ¿Qué ganas con eso? Si, al final, las críticas se producen, no estarás más preparado para responder a ellas, sino más cansado mentalmente y más enfadado... y, si has puesto mucho empeño en la tarea, probablemente habrás cosechado también un estupendo dolor de cabeza.

Espero que este post te resulte útil. Puedes escribirme y contarme tu actitud ante las críticas. También puedes compartirlo con más personas. Y volver la semana que viene, porque habrá segunda parte. ¡Suerte!

lunes, 5 de marzo de 2012

Todos llevamos un jefe dentro

El trabajo es como el fútbol: todo el mundo, incluso los aficionados que no participan en el partido, lleva dentro un seleccionador nacional que sabe perfectamente cómo hay que hacer las cosas. Como si de un grupo de aficionados de un equipo se tratase, los empleados de una empresa se reunirán periódicamente para criticar las decisiones de los mandos y sentar cátedra sobre cómo deberían haber actuado. Seamos sinceros: todos hemos caído en esa tentación alguna vez. Y quien diga que no, miente.

Claro que unos opinan con más frecuencia que otros, y unos con un ánimo más destructivo que otros, y los otros con más sentido de la responsabilidad que los unos... Pero de eso solo te irás dando cuenta a medida que acumules experiencia como jefe. Será entonces cuando, probablemente, tomes conciencia de algunos aspectos de la empresa que antes no conocías, o cuyo alcance no habías calculado. (Ni falta que te hacía). Entonces, quizá caigas en la cuenta de por qué esa decisión que tú veías tan necesaria, fácil y obvia cuando eras un soldado raso nunca se tomaba. Y quizá, ahora que eres jefe, no puedas explicárselo a tus subordinados, ya sea porque se trate de información confidencial o porque contárselo provocaría males mayores.

Lo peor de todo es que ellos no entenderán por qué ahora, que puedes aplicar las soluciones que tan alegremente se te ocurrían antes, no lo haces. Quizá, con suerte, podrás poner en práctica algunas de las ideas que ya te rondaban antes por la cabeza (o por la de tus compañeros); si es así, y si sale bien, hacerlo te proporcionará muchas satisfacciones. Y quizá te des cuenta de que, al igual que un fraile debe ser cocinero antes para saber exactamente los recursos y el esfuerzo que supone realizar cada tarea, tus superiores te harán bajar a la tierra cuando te pongas demasiado eufórico a la hora de llevar tus planes a cabo, porque detecten en tu planteamiento errores de cálculo. Si sabes que lo hacen con el aval de su experiencia, escúchales y deja que maticen tus proyectos, sin renunciar, en la medida de lo posible, a los pilares de tu plan inicial. Al fin y al cabo, estás aprendiendo, ¿recuerdas?